miércoles, 28 de abril de 2010

reseñas 1

Entrando en terrenos underground nos encontramos con una propuesta alternativa de museo, el poco conocido Museo del Juguete Antiguo de México, MUJAM, ubicado en la colonia Doctores en la calle de García Diego.
Este museo cuenta con una gran cantidad de juguetes antiguos que forman parte de la colección de Roberto Y. Shimizu K. , mexicano de nacionalidad con descendencia japonesa, quien argumenta la creación de este “recinto” para albergar millones de recuerdos felices de la infancia de la mayoría de nosotros, los conocidos juguetes, todos ellos conforman décadas de infancia a lo largo de la historia ya que podemos encontrar juguetes desde el S. XIX hasta la fecha.

A boca del coleccionista de juguetes, dice haber iniciado esta muestra por el hecho de compartir con la gente el recuerdo de diversión y esparcimiento que cada uno de nosotros como humanos hemos de haber experimentado en la etapa más importante de nuestras vidas; el espacio está abierto al público en general y la entrada es gratuita, la exhibición conjunta diversas clases de juguetes y juegos, entre los que se encuentran bicicletas, aviones, juegos de mesa, yoyos y cosas inimaginables que seguramente te harán estremecer…

La colección de este museo alberga figurillas de luchadores, así como accesorios propios de este deporte; se muestra también juguetes de madera, latón, hierro, celuloide, papel maché, yeso, plomo y plástico soplado, el cual estuvo en auge entre 1970 y 1990 y que según Shimizu, era muy contaminante pero que abarató mucho el costo del juguete para suplir las carencias derivadas de las crisis económicas de ese periodo.

Unos 10 mil juguetes en exhibición que se encuentran totalmente a tu alcance, se localizan en la Col. Doctores abierta al público desde mediados de 2004 y pretende mostrarnos el lenguaje del arte popular contenido en los juguetes mexicanos.

Dejando de lado la exhibición de juguetes antiguos, en este mismo recinto podemos trasladarnos a espacios interactivos de arte urbano insitu donde podemos observar propuestas de expresión artística bastante propositivas y dinámicas, dependiendo del día en el que decidas ir a echar un vistazo; llegan a presentarse muestras de arte sonoro, pintura, música, graffiti entre muchas otras cosas bastante interesantes.

Como última nota cabe mencionar el área de shopping, en la cuál seguramente encontrarás justo lo que esperabas, y es que no estamos hablando de tarjetas postales del “museo” No! ni de catálogos de los artistas que exponen en ese museo, sino artículos de diseño, moda, arte, decoración etc., con bastante actitud. Hablamos de una especie de bazar en donde se comercializa con mercancía nueva y con artículos viejos de colección como son viniles, instrumentos musicales, y una que otra pieza de arte.

lunes, 19 de abril de 2010

Crónica

El pequeño Sergio camina por la calle con un par de billetes en la bolsa y una ansiedad que casi se ha convertido en su sombra. Lleva ya horas deambulando en los alrededores del centro de la ciudad y aún no ha podido encontrar a la “dama” que se preste a satisfacer la necesidad que desde hace tiempo ronda su pensamiento.
Su figura se asemeja a la de un hombre lobo posmoderno; alto, fornido pero con cierto grado de obesidad y una barba que en momentos hace creer a quien lo ve que debajo de esa abundante maraña de madurez no existe nada más.
Con las manos dentro de las bolsas de la vieja gabardina que heredo de su padre, muerto hace apenas unas semanas, palpa y de vez en cuando aprieta el par de billetes de baja denominación que obtuvo de su más reciente hurto.

No ha habido suerte. Recibe rechazo tras rechazo y las prostitutas de la zona, conocedoras de las “raras” costumbres del pequeño Sergio, se rehúsan a perder 1 hora con aquel remedo de humanidad.

Las manecillas del reloj han dado más vueltas de las que su paciencia puede soportar así que, decepcionado, se dirige hacia la estación de tren más próxima para dirigirse a la pocilga mugrienta y miserable que hasta hace algunos años fue un hogar.
Camino a la estación observa a una joven que no había visto antes por ese rumbo, fácilmente se puede notar que no rebasa los 20 años, -es nueva, su mirada lo dice, piensa para sí mismo el pequeño Sergio. Sin esperar mucho más de lo que ese día ha recibido, Sergio se acerca a ella y le pregunta la tarifa, la jovencita, con las palabras bañadas en miedo contesta. La corpulencia del pequeño Sergio le impone pero ¿qué más puede hacer?, un cliente es un cliente. Sergio ofrece un poco menos de lo que ella pide pero de igual manera la joven acepta.

Se van juntos, ella con cierta torpeza culpa de su novatez, lo toma del brazo. Caminan hasta un hotel, que si no fuera porque en la puerta tiene un letrero que dice “Habitaciones con TV/Color, aire acondicionado, agua caliente”, cualquier persona pensaría inmediatamente que está abandonado y a punto de ser demolido.
Después de realizar el depósito correspondiente y recibir las llaves del cuarto se dirigen hacia la habitación. Ella suda frío, por su espalda recorren intermitentes varias descargas de nerviosismo, miedo, ansiedad, tristeza. No le queda más que resignarse al destino que desde que nació estaba preparado para ella. Sergio abre la habitación, con un gesto de caballerosidad la deja pasar, -primero las damas, balbucea.
-¿Cómo te llamas?, le pregunta Sergio a su acompañante, -Sarah, contesta ella.

Después de una pequeña plática intrascendente Sarah se desnuda y recuesta sobre el repugnante colchón. Sergio, sin quitarse la ropa se recuesta al lado de ella y toma una posición fetal de espaldas a la joven, ella, desconcertada, acerca su cuerpo al de él y Sergio, como adivinando el lugar donde el brazo de Sarah se encuentra, lo toma y se rodea a si mismo mientras que con una voz apenas perceptible musita: -No hagas nada, sólo abrázame.

martes, 13 de abril de 2010

Texto 6

Amor citadino…
Yo los miraba toquetearse casi indiscretamente.
Reían a carcajadas como si fueran solos en el vagón. A mí me daba risa y un poquito de
envidia por no ir acompañada.
No podía dejar de mirarlos.
Fantaseaba con mi propia historia de amor citadino en la que yo no era
yo y mi marido no era mi marido. Éramos dos amantes más enamorados,
más jóvenes y atractivos.
Pero, como siempre que me invento historias que no fueron, no son y nunca serán mías,
de pronto me sentí patética y mi casa deshecha y mis hijos inquietos y mi marido aburrido
y los trastes sucios y las camas destendidas y el cochambre de la estufa…
todo se me vino de golpe y me aturdió tanto que sentí que aquellos dos sólo se amaban
y se divertían para hacerme sentir miserable.

Texto 5

Oing oing
–…
– Oing oing –me dijo mientras revisaba mi licencia.

Texto 4

¿alguien más?

– ¿y… dónde está?
– Verás, ayer me detuve en una esquina a esperar el camión.
Frente a mi, en el cielo, las nubes brillaban furiosas, rabiosamente anaranjadas.
Eran las seis y media de la tarde y me pareció que el cielo estaba en llamas,
como queriendo consumirlo todo en aquel incendio vespertino. Emocionado quise brillar,
arder, ser nube incandescente; pero lo único que brilló fue la punta de mi cigarro.
Pasaron los minutos y las nubes se apagaron poco a poco decepcionadas,
se oscurecieron hasta disolverse. Supuse que había dejado pasar al menos tres camiones,
encendí un cigarro más y caminé pensando en la pobreza de mi espíritu.
– ¿Alguien más, no?
– Sí, carajo, alguien más.

texto 3

Él y Ella

Ella: En el fondo, lo único que quieren los hombres es coger.
Él: Y en la superficie también.
Ella: Eres un pendejo.
Él: Lo sé. Pero tú te equivocas con los hombres.
Por desgracia no somos tan civilizados y seguimos queriendo otras cosas.

texto 2

El azul no se come
(Desamor)

Uno puede enamorarse del azul sin importar que sea un color "sólo para niños".
A donde volteemos ahí está, en un cielo pastel, en un mar turquesa o en los ojos
zafiro del chico que uff! siempre nos ha gustado. Pero ¿en la comida?.
La naturaleza no hizo comestible al "azul", o díganme ¿qué cosa de todo lo que comemos
es azul de manera natural?. Todo fue cuando comía unos M & M's, tan ricos como siempre
hasta que salió uno azul y el corazón se me rompió, ¿cómo un color tan bonito sabía tan feo?.
Además de pintarte la boca a manera de "moretón que me hice en una peda porque me caí"
muy desagradable, y dejarte unas náuseas de tipo cruda. Final y simplemente es antinatural
"comer azul", ¿por qué habiendo tanto de este bonito color tenemos que desperdiciarlo en
nuestra ingesta diaria de alimentos? No me sorprendería escuchar después:
Empieza a escasear "el azul", detengamos la comelona inmoderada de este recurso. Cuidémoslo.

Texto 1

Je suis des plus exempts
de cette passion,
et ne l'ayme ny l'estime
De la Tristesse, Montaigne

Trato de ocultar las dulces notas del más vulgar reggaeton que saturan el ambiente del transporte público con el más pretencioso jazz, leo las notas de Unamuno sobre las reflexiones de Feuerbach basadas en las cátedras hegelianas sobre las confesiones de San Agustín. Levanto la cara y veo rápidamente al resto del pasaje: una obesa niña metida en una blusa rosa casi tan brillante como el ceboso rostro bailando, un par de ebrios cuya etílica fragancia bastaba para esconder el hedor usual, tres niños que no paran de llorar. Una serie interminable de abominaciones.